


Somos las mamás de Martí. Queremos acercaros a nuestras almas, emociones, alegrías y penas; en definitiva, a nuestra manera de ver y vivir la vida. Os damos la bienvenida a nuestro viaje iniciático. Esperamos que disfrutéis del paisaje. Gracias por viajar con nosotras.





Con la hemorragia llegó la depresión, esa de la que nadie habla, esa que nadie siente y que te hace sentir fatal. Lo pasé muy mal, tardé meses en recuperarme, a los 4 meses de Martí me tuve que incorporar al trabajo, pero a la semana ya estaba otra vez en casa. No podía conmigo. María se quedó embarazada y yo no supe ni pude cuidar de ellas. A finales de enero Júlia dejó un vacío enorme en María y quedó en nuestros corazones.
Al quedarme embarazada pensé que todo lo sucedido había pasado y que llegaba una nueva etapa. Volvieron mis fantasmas y mis miedos que habían estado rondándome y poco a poco se fueron haciendo más notorios.
Estos recuerdos y sensaciones no creo que las pueda olvidar en la vida, y durante el embarazo se reavivaron como si acabaran de suceder. Mi médico me derivo a la psicóloga de atención a la mujer y así emprendí el camino que me llevó a tomar la decisión de tener el parto respetado, aunque lo quería en la Maternidad. Me animó a asistir a algún grupo de apoyo al parto natural y acudimos a una charla del "Parto es nuestro", donde conté mi experiencia y me invitaron a ponerme en contacto con Inma Marcos para resolver mis dudas.
Le conté a Inma toda mi experiencia por teléfono (más o menos ) y me preguntó qué es lo que yo quería hacer. En realidad, lo que yo quería era que me acompañara durante toda la dilatación en casa y después ir al hospital. Claro... ese no es su trabajo, ella asiste partos en casa. Finalmente, tras una larga conversación quedamos para conocernos.
No tengo palabras ni elogios para referirme a Inma, nunca tendré palabras suficientes para agraderle todo lo que ha hecho por nuestra familia. Afortunadamente, todavía no tenía la agenda llena de junio y nos pudo asistir. Empezamos las visitas mensuales en las que no solo me visitaba, sino que charlábamos durante horas. Nunca he conocido a nadie tan entregado a su trabajo y tan profesional como ella, el reloj no existía. Nos contaba historias de partos y de madres. La experiencia es un grado, dicen.
Pronto se dio cuenta que iba a necesitar ayuda de una psicóloga especializada en el cuidado de la mujer, así que me reenvió a Cristina Silvente, mi segundo ángel de la guarda. Me ha ayudado y nos sigue ayudando. Ella me hizo tomar mucha confianza en mí misma, y hacer que mi deseo se convirtiera en algo posible.
Así fui pasando el embarazo, con mis altibajos, pero muy apoyada, construimos un círculo de mujeres protectoras y me sentí muy reconfortada en todo momento. Y por fin llegó el día del parto.
(Faltaba poco para el momento mágico)
Ya hacía días que por las noches tenía alguna que otra contracción un poco fuerte, así que estuve durmiendo hasta las 5.45, momento en que me tuve que levantar de la cama de un bote. Estas no eran como las otras, así que me fui al comedor y a los 12-15 minutos llegó la siguiente.
Como veía que la cosa iba en serio, me puse a recoger la casa, María, Martí y mi hermana Laia seguían durmiendo; las contracciones ya eran regulares y llegaban cada 10 minutos, aunque seguía hablando durante las contracciones.
Sobre las 7'00 avisé a María, que se tenía que ir a trabajar (obviamente se libró), yo seguía haciendo mis cosas, recogiendo, barriendo, desayunando... Llamé a Inma y nos dijo que estábamos en fase preparto, que todavía faltaba pero que de todos modos, llevaba a su hijo al colegio y acudía.
A las 8 y pico se despertó el terremoto de la casa, Martí, con las pilas recargadas. Y con el alboroto... mi hermana.
Yo seguía a mi ritmo pero era bastante complicado dejarme llevar, Martí venía y me hablaba, no estaba tranquilo.
La cosa estaba yendo bien, Inma llamó a 9'30 para preguntar como estaba y decirnos que se iba a retrasar, las contracciones estaban a menos de 10 minutos y ya eran algo más intensas, no parecía preocupada.
Sobre las 10'15 pasadas llegaba Inma, Laia y María bajaron a ayudarle a descargar todo el material y a subirlo. En cuanto se fueron mi hermana y el peque al parque, nos quedamos Inma y yo, y me dijo... vaya ¿Y tú estás de parto? jejejej No lo parecía. Estaba la mar de fresca. Las contracciones fueron llegando cada vez más seguidas, cada 5 minutos.
(Y me puse en pie)
De repente, me vino un grito que salía de mis entrañas, me quemaba, notaba un aro de fuego. Inma dijo está a punto de nacer la cabeza. ¡No lo podía creer! Con la siguiente contracción y consecuente grito (creo que se enteraron los del bloque de al lado) nació la cabeza. Ya no quedaba nada, las pierrnas me flaqueaban tanto que creía que ya no me tenía en pie. La bebé había nacido lo que se dice con manto, es decir, dentro de la bolsa. Solo hicieron falta dos contracciones más para que saliera el resto del cuerpecito. Quise cogerla, pero estaba temblando y no llegaba. La cogió María y me la pasó.
(Ynació la cabecita)
Al día siguiente vino Carlos González, el pediatra, a hacerle la revisión a la peque. La vio estupenda, estuvimos charlando un rato y nos resolvió algunas dudas relacionadas con Martí.
Lo que viene después, muchas ya lo conocéis... reconocernos, conocernos, presentarnos. En cuanto a mí, tuvo que darme algún punto pero nada importante. El mismo día ya estaba por casa como si nada y a los dos días estábamos en el registro civil con la niña de paseo.